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intención

Miro el número que he evitado

@quietforest Narrated by Frank York 2:43 29 shots

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Ahora sé el número. Lo miré, lo escribí, y la habitación no se cayó. Voy a mirarlo otra vez la semana que viene, y la siguiente. Mirar nunca fue la parte difícil. La difícil era no mirar, y me cobraba en silencio por el privilegio todas las noches durante meses sin mandarme nunca una factura detallada. El número estuvo fijo todo el tiempo. Lo único que se movía era mi disposición a mirarlo.

Está en un papel con mi propia letra. Un número es muchísimo más pequeño escrito que a las tres de la mañana. Ahí está, siendo finito, que es la propiedad más útil que tiene. Todavía no he hecho nada al respecto y no hace falta que lo haya hecho.

Llevaba meses adivinando, y la suposición siempre fue peor que la verdad, porque una suposición no tiene bordes y puede crecer toda la noche sin que nada la contradiga. Un número sin mirar no es un número, es un estado de ánimo, y los estados de ánimo escalan con el cansancio que tenga en ese momento. Evitarlo se sentía como protegerme. Era exactamente lo contrario. Me estaba defendiendo de una cantidad fija sustituyéndola por una sin límite, y luego viviendo dentro de la que no tiene límite a jornada completa. Ese es un mal cambio, y lo hice todos los días durante casi un año.

No se puede hacer un plan sobre un sentimiento. Sí se puede hacer sobre un número. Saberlo es la diferencia entera entre preocuparse y hacer cuentas, y las cuentas son algo con lo que sí puedo actuar un martes cualquiera por la tarde. Nada de mi situación cambió en el momento en que miré. Sí cambió todo lo relativo a mi capacidad de hacer algo con ella, y esas dos cosas no son en absoluto lo mismo. Por eso exactamente merece la pena mirar incluso cuando la noticia no es buena, y merece más la pena precisamente entonces.

Así que abro la cuenta, miro una vez y escribo la cifra. Mirar es la tarea entera. Decidir cualquier cosa puede esperar a mañana, y explícitamente no tengo permiso para montar un plan esta noche, porque esa regla es lo único que hace que mirar sea soportable para empezar. Una tarea, claramente delimitada, terminada en noventa segundos.

Sabido. No resuelto, pero sabido, y sabido es donde empieza resolver.