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intención

Suelto lo que no me toca cargar

@slowjasmine Narrated by Freddie Rock 3:24 35 shots

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Los hombros se me han bajado de donde llevaban viviendo. Algo que estaba sosteniendo ya no está en mis manos. A partir de aquí voy a tener bastante más cuidado con lo que recojo, porque ahora sé exactamente lo que cuesta cargar algo durante un año sin haber aceptado nunca cargarlo. No me lo tiraron encima. Alargué la mano y lo cogí, y puedo dejarlo de la misma manera. Nadie me pidió que lo sostuviera. Me ofrecí, una vez, en silencio, hace años, y nunca revisé aquella oferta.

Oigo la habitación. Hay un reloj en algún sitio que había dejado de notar, y ha estado ahí todo el tiempo, haciendo exactamente esto. El silencio no es nuevo. Lo nuevo es mi capacidad de oírlo. No dejo de notar que tengo las manos vacías y me resulta un poco raro más que bueno, cosa que supongo que se me pasará para el fin de semana. Ahora hay sitio en mis manos para algo que sí elegí coger.

He estado cargando al menos una cosa que nunca fue mía. La cogí porque no la iba a coger nadie más, y después se convirtió en silencio en mi trabajo para siempre, que es como ocurren de verdad casi todos estos traspasos. Nunca hubo una conversación al respecto. Hubo un hueco, y lo llené, y haberlo llenado una vez lo leyó todo el mundo, empezando por mí, como un acuerdo de llenarlo siempre. Ser de fiar es un rasgo genuinamente bueno con un modo de fallo carísimo. Nadie va a devolvérmelo, porque nadie sabe que está sujetando el otro extremo. En el momento en que me hice indispensable, también me hice incapaz de parar. Y cuanto más lo sostenía, más parecía mío para todo el que miraba, yo también.

Soltarlo no es abandonar a nadie. Es decir la verdad sobre de quién es, y esa honestidad es la única vía por la que alguna vez lo gestiona bien la persona a la que pertenece. Mientras yo lo cargo, esa persona no descubre nunca que es suyo. Mi ayuda estaba posponiendo en silencio el momento en que lo habría recogido ella. Eso importa mucho más de lo que suena, porque significa que soltarlo no es la opción egoísta. Es la útil, y yo llevo años llamándola lo contrario. Cargar con la responsabilidad de otro no es generosidad. Es una forma lenta de decirle que no crees que pueda con ello.

Así que nombro una cosa que pertenece a otra persona, en voz alta o en papel, y la dejo en el suelo. Solo una, hoy. No una renegociación de todo, ni una conversación difícil sobre los últimos cinco años, ni una política nueva para la casa. Una cosa, nombrada y soltada, y tengo permiso para que me incomode un rato sin volver a cogerla enseguida para que se me pase la incomodidad.

Menos peso. No porque esté pasando menos, sino porque menos de todo eso es mío.