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CITAS Y AMOR NUEVO · DECIDIR

¿Me quedo o me voy? Pensar con claridad sobre una relación nueva

Pensar con claridad sobre si deberías quedarte o irte empieza con un alivio: la mitad de las personas encuestadas se sintieron realmente en conflicto. A los pocos meses llegan las dudas, y pueden ser difíciles de descifrar. Lo que buscas no es certeza. Aquí tienes una forma más tranquila de mirar lo que tienes, separar la señal real del ruido y tomar una decisión que puedas respaldar.

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Un hombre y una mujer de pie uno junto al otro

Foto de Marius Muresan en Unsplash

Por lo general empieza como una pregunta pequeña y silenciosa que no logras soltar. Las cosas van bastante bien. Y aun así, una parte de ti sigue preguntándose si esto está bien. Repites una conversación en tu cabeza. Le escribes un párrafo a una amiga y luego lo borras. Te preguntas si la duda significa que algo anda mal, o si la duda es simplemente lo que se siente el amor al principio, para todo el mundo.

Primero, un poco de alivio: no estar segura no significa que estés fallando en esto. Investigadores que estudian cómo decide la gente si quedarse con una pareja o no encontraron que casi la mitad de las personas encuestadas tenían razones reales para quedarse y razones reales para irse, al mismo tiempo. Ese estudio, dirigido por la psicóloga Samantha Joel, identificó 27 razones distintas que la gente dio para quedarse y 23 para irse. La mitad sentía un conflicto genuino. Así que si cargas un sí y un no en el mismo pecho, tienes muchísima compañía.

Lo que necesitas no es certeza. La certeza casi nunca llega cuando la esperas, y esperarla puede dejarte estancada por años. Lo que necesitas es pensar en esto con la claridad suficiente para que la decisión que tomes sea realmente tuya, y no la que elige por ti el camino de menor resistencia.

¿Por qué se siente tan difícil de descifrar?

Las relaciones nuevas son ruidosas. Tu sistema nervioso está haciendo muchas cosas a la vez: emoción, apego, el miedo normal de equivocarte. Además, los primeros meses son un blanco en movimiento. Todavía estás conociendo a esta persona cuando está cansada, estresada o decepcionada, y ella está aprendiendo lo mismo de ti.

Esa misma investigación notó algo útil. Cuando lo bueno y lo difícil están muy desbalanceados, la decisión suele sentirse obvia. Son los casos reñidos los que duelen. Cuando los pros y los contras están más o menos parejos, te quedas atrapada en la ambivalencia, y esa ambivalencia empieza a sentirse como un veredicto. No lo es. Es solo el sonido de una situación genuinamente dividida.

También existe un tirón silencioso hacia quedarse, simplemente porque quedarse es más fácil que irse. Mientras más tiempo llevas en algo, más pesado se vuelve ese tirón. Vale la pena nombrarlo, para que puedas distinguir entre *quiero esto* y *simplemente no quiero tener la conversación difícil.*

Separa lo que no tiene solución de lo que es parte de crecer

No todos los problemas pesan lo mismo, y tratarlos como si pesaran igual es una manera segura de seguir confundida. Ayuda separar lo que suele tener solución de lo que, por lo general, no la tiene.

Parte de la fricción es simplemente el costo de que dos personas reales se acerquen. Ritmos distintos. Primeras peleas incómodas. Averiguar con qué frecuencia escribirse. Una semana torpe. Esto suele ser parte de crecer, y lo que es parte de crecer se puede conversar.

Otros patrones pesan más, y vale la pena tomarlos en serio incluso al inicio. El investigador de relaciones John Gottman pasó décadas observando parejas e identificó cuatro hábitos de comunicación tan corrosivos que los llamó los Cuatro Jinetes: la crítica que ataca el carácter en vez de una conducta específica, el desprecio, la actitud defensiva y el silencio hostil (cerrarse y volverse frío). De los cuatro, encontró que el desprecio (el sarcasmo, la burla, poner los ojos en blanco, hacer sentir pequeño al otro) es el predictor más fuerte de que una relación no va a durar.

Hay una distinción de su trabajo que aclara mucho. Una queja se refiere a algo que pasó: "Me sentí ansiosa cuando no me escribiste y no sabía si estabas bien." La crítica ataca a la persona: "Eres tan egoísta, nunca piensas en mí." La mayoría de las parejas se queja. El patrón que hay que vigilar es el paso de quejarse de un problema a atacarse mutuamente.

Así que cuando surja una preocupación, puedes hacerte una pregunta más precisa que *¿esto está mal?* Pregunta: ¿esto es un problema que estamos resolviendo, o es la manera en que nos tratamos?

Algunas preguntas honestas para sentarte a pensar

No necesitas una hoja de cálculo. Necesitas un puñado de preguntas que respondas con honestidad, de preferencia por escrito, para que los sentimientos ruidosos no puedan seguir reacomodándolas.

  1. ¿Cómo me siento conmigo misma en esto? No cómo me siento respecto a esa persona, sino cómo me siento *yo* cuando estoy con ella, y en las horas después. ¿Más como yo misma, o menos? ¿Más tranquila, o más en alerta?
  2. ¿Puedo llevarle algo difícil? Cuando algo me molesta, ¿me siento razonablemente segura al decirlo, y siento que me escucha? ¿O me encuentro achicando las conversaciones para evitar las consecuencias?
  3. ¿La confianza va en la dirección correcta? La confianza al principio es, por naturaleza, parcial. La pregunta es si se está construyendo poco a poco con pequeñas promesas cumplidas, o si se está erosionando en silencio.
  4. ¿Estoy reaccionando a esta persona, o a algo más viejo? A veces una pareja actual paga los platos rotos de una herida antigua. Vale la pena ser honesta al respecto, en ambas direcciones.
  5. ¿Me gustaría que una amiga cercana se quedara en esto? Muchas veces tenemos mucha más claridad sobre la vida de otros que sobre la nuestra. Toma prestada esa claridad.

Fíjate en qué estás midiendo. No estás evaluando si esa persona es perfecta. Estás revisando si la relación le hace bien a la persona que eres dentro de ella.

¿Cómo suele verse una relación estable?

Es fácil quedarse enfocada solo en las señales de alerta y olvidar hacia dónde vas en realidad. La Cleveland Clinic describe las señales de una relación sana en términos más claros de lo que suele permitir la industria del romance: respeto mutuo y límites reales, confianza que crece con el tiempo, comunicación que se sostiene cuando las cosas se ponen difíciles, amabilidad que te hace sentir segura y como una prioridad, y suficiente espacio para seguir siendo tú misma, con tus propias amistades y metas.

Ese último punto importa más de lo que la gente espera. Una buena relación suma a tu vida. No la va reduciendo en silencio.

Nada de esto exige que la relación sea sin esfuerzo. Las relaciones sanas requieren esfuerzo. La diferencia es que ese esfuerzo se pone en construir algo juntos, en lugar de en manejar cómo te van a tratar.

Antes de decidir, en cualquier sentido

Una decisión tomada en un pico de emoción suele reconsiderarse después, así que date un poco de distancia primero.

  • Habla con la persona, si es seguro hacerlo. Mucha de la duda viene de una conversación que has estado teniendo en tu cabeza en lugar de en voz alta. Lo que temes decir suele ser justo lo que hace falta decir.
  • Busca la opinión de alguien de afuera que quiera lo mejor para ti, no alguien que solo quiera verte soltera, ni alguien que solo quiera verte establecida.
  • Fíjate en los patrones, no en los estados de ánimo. Una mala noche es un dato, pero no es toda la historia. Un patrón que se repite semana tras semana es lo que hay que sopesar.
  • Imagina seis meses más exactamente así, sin grandes cambios. Si esa imagen te trae alivio, eso te dice algo. Si te trae angustia, también te dice algo.

¿Cuándo buscar más ayuda?

Algo de esto es más grande que una lista de pros y contras, y no tienes que resolverlo sola. Si llevas meses dando vueltas a la misma decisión y no logras avanzar, un terapeuta puede ayudarte a escuchar con más claridad tus propios pensamientos. Si la relación está afectando tu sueño, tu apetito, tu sentido de quién eres o cómo te muestras con la gente que quieres, vale la pena hablarlo con un profesional.

Y, por favor, traza una línea firme alrededor de tu seguridad. Si una pareja controla a dónde vas o a quién ves, te presiona más allá de tu "no", te hace sentir miedo, o te lastima física, emocional o económicamente, eso no es un rompecabezas de "quedarme o irme" que debas resolver sola. Existe ayuda confidencial, y buscarla es algo fuerte y lúcido de hacer.

Decidas lo que decidas, que sea una decisión que realmente tomaste, con los ojos abiertos, y no algo que te pasó mientras esperabas estar segura. Tienes permiso de elegir esto. También tienes permiso de elegirte a ti misma.

Fuentes

  1. University of Utah, Should I Stay or Go? (investigación de Samantha Joel)
  2. The Gottman Institute, The Four Horsemen: Criticism, Contempt, Defensiveness, and Stonewalling
  3. Cleveland Clinic, 12 Signs You're in a Healthy Relationship

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