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Descanso y recuperación

Cómo tomar una siesta de la forma correcta

Dormir bien la siesta se reduce a dos números: entre 20 y 30 minutos, y antes de las 3 de la tarde. Una buena siesta puede dejarte más despierto, más tranquilo y más amable el resto del día. Una mala te deja atontado y te arruina el sueño esa noche. La diferencia está en cuánto duras y a qué hora la haces.

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Una persona descansando en paz en un sillón bajo la suave luz de la tarde para una siesta corta.

Foto de Michael Starkie en Unsplash

Todos conocemos ese tipo de siesta. Te acuestas "solo por unos minutos", te despiertas dos horas después ya de noche, con la boca seca, sin idea de qué día es, y de alguna forma más cansado que antes. Esa siesta es la que le da mala fama a las siestas.

No tiene que ser así. Con un poco de cuidado, una siesta es una de las formas más limpias de recargar tu energía y estabilizar tu ánimo en medio de un día largo. La versión buena es corta, temprana e intencional. Que esa sea la que tomes.

¿Por qué una siesta corta ayuda y una larga hace daño?

Cuando te quedas dormido, no caes directo en el sueño profundo. Primero pasas por etapas más ligeras, y solo después de aproximadamente una hora llegas al sueño de ondas lentas, el más profundo. Ese tiempo es todo el secreto para dormir bien la siesta.

Una siesta corta te mantiene en las etapas ligeras, así que despiertas sintiéndote renovado. Si te duermes hasta llegar al sueño profundo y te despiertan de golpe, te topas con algo que los investigadores llaman inercia del sueño, esa niebla espesa, atontada y desorientada. No es señal de que la siesta falló. Es solo tu cerebro siendo arrancado del sueño profundo antes de tiempo. La inercia del sueño puede durar entre treinta minutos y una hora, por eso esa siesta accidental de dos horas te deja peor que si no hubieras dormido nada.

Así que la meta es entrar y salir antes de hundirte demasiado.

Las dos reglas que importan

Casi todos los buenos consejos sobre siestas se resumen en dos números.

Que dure entre 20 y 30 minutos. Tanto Mayo Clinic como Cleveland Clinic coinciden en esto. Es tiempo suficiente para darte un impulso de alerta, ánimo y concentración, y lo bastante corto para que despiertes antes de que el sueño profundo te atrape. Si te cuesta despertar por tu cuenta, pon una alarma. El reloj es tu aliado aquí.

Duerme la siesta más temprano en la tarde, generalmente antes de las 3 p.m. Hay una baja natural en el estado de alerta a media tarde, muchas veces después del almuerzo, lo que hace de esa ventana el momento más fácil para quedarte dormido y el menos probable para afectar tu noche. Si duermes la siesta muy tarde en el día, le quitas a tu cuerpo la presión de sueño que necesita para dormirse a la hora de acostarse, y después terminas despierto a medianoche preguntándote por qué.

¿Qué te da a cambio una buena siesta?

Una siesta bien programada no es pereza. Una siesta corta por la tarde puede mejorar tu ánimo, tu estado de alerta, tu tiempo de reacción, tu memoria a corto plazo y tu capacidad de concentración. Para una tarde cansada y desgastada, eso es mucha reparación desde veinte minutos tirado en un sofá.

Aquí también hay un ángulo de vida en calma. Cuando andas con las reservas al mínimo, la paciencia se adelgaza y las cosas pequeñas pesan más. Un pequeño reinicio puede ser la diferencia entre explotar con alguien y dejarlo pasar. El descanso no es solo cosa del cuerpo. También suaviza las aristas de la mente.

Unas cuantas cosas pequeñas ayudan a que la siesta rinda mejor:

  • Baja las luces y el ruido si puedes. Estás tratando de dormirte rápido, no de pelear contra el ambiente.
  • Pon una alarma de 25 o 30 minutos para que nunca tengas que preocuparte por quedarte dormido de más.
  • Algunas personas se toman un café justo antes de una siesta corta, así la cafeína hace efecto justo cuando despiertan. Pruébalo si el aturdimiento es tu enemigo.
  • No lo fuerces. Si el sueño no llega, hasta descansar quince minutos con los ojos cerrados te da algo.

¿Cuándo la siesta es una señal, no una solución?

Aquí va la parte honesta. Una siesta es un complemento, no una solución. Si duermes bien por la noche, una siesta ocasional es un buen extra. Pero si notas que *necesitas* dormir siesta casi todos los días solo para funcionar, vale la pena prestarle atención.

Cleveland Clinic lo dice sin rodeos: una siesta durante el día no es un tratamiento para un problema de sueño. Si te falta sueño de forma crónica, o si algo como el insomnio o la apnea del sueño está arruinando tus noches, las siestas van a tapar el problema sin resolverlo. La somnolencia diurna persistente, sobre todo si es nueva o va empeorando, es algo que vale la pena consultar con un médico. Lo mismo aplica si notas un cambio repentino en cuánto duermes, lo cual a veces se relaciona con un ánimo bajo, estrés o un problema de salud que merece una revisión de verdad.

No hay nada de vergonzoso en necesitar descanso. La mayoría de nosotros estamos más cansados de lo que admitimos. Pero si el agotamiento es la norma y no la excepción, la respuesta rara vez está en dormir más siestas. Está en llegar a la raíz de por qué tus noches no están cumpliendo su función. Un descanso corto por la tarde puede ayudarte a sobrellevar un día difícil. Déjalo ser una ayuda, y deja que el cansancio más grande sea escuchado.

Fuentes

  1. Mayo Clinic, Napping: Do's and don'ts for healthy adults
  2. Cleveland Clinic, Power Naps: Benefits and How To Do It
  3. Centers for Disease Control and Prevention (NIOSH), Napping, an Important Fatigue Countermeasure: Sleep Inertia

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