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Energía y recuperación

Cuando el estrés se vuelve fatiga física: por qué estás tan cansado y qué ayuda

A veces el agotamiento no viene de hacer demasiado a nivel físico, sino de que tu cuerpo carga semanas de estrés que nunca pudo soltar. Aquí te explicamos cómo ocurre eso y cómo empezar a llenar el tanque de nuevo.

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Una persona descansando en paz junto a una ventana con una bebida caliente, los ojos cerrados bajo la luz suave de la tarde.

Foto de Alex Simpson en Unsplash

Dormiste ocho horas y aun así despertaste cansado. La lista de pendientes ni siquiera es tan larga, pero cada tarea se siente como si estuviera envuelta en arena mojada. Si el descanso no logra tocar ese cansancio, es muy probable que estés lidiando con un tipo de fatiga distinto al que una siesta puede arreglar. Puede que tu cuerpo esté físicamente agotado por el estrés.

Este es uno de los datos más pasados por alto sobre el estrés: no se queda solo en la cabeza. Cuando se carga por mucho tiempo, se manifiesta en el cuerpo como un cansancio profundo y terco, y no hay cantidad de fuerza de voluntad que lo haga desaparecer.

¿Cómo te agota el estrés?

El estrés es una respuesta de todo el cuerpo. Cuando tu cerebro percibe presión, libera hormonas como el cortisol que te mantienen alerta y listo para enfrentar una amenaza. En momentos cortos, esto es útil. El problema es cuando la presión nunca cede y la alarma nunca se apaga por completo.

Mantener ese sistema encendido todo el tiempo tiene un costo alto. Tu cuerpo se queda en tensión, tu sueño se vuelve más superficial, tus músculos guardan una tensión que ni notas, y poco a poco las reservas se agotan. Cleveland Clinic describe la fatiga como un rasgo distintivo del burnout, el estado al que el estrés prolongado puede llevarte. Quienes lo viven describen sentir que podrían dormir todo el día, y que hasta las tareas más simples les toman mucho más tiempo del que deberían.

¿En qué se siente diferente este tipo de cansancio?

El cansancio común tiene una causa que puedes señalar y una solución que funciona. Te desvelaste, así que duermes hasta tarde y te sientes mejor. La fatiga por estrés es más escurridiza. No se quita con una sola buena noche de sueño, y viene acompañada de otras señales que indican que es más que simple sueño:

  • Dolores de cabeza por tensión, mandíbula apretada, u hombros y espalda que duelen.
  • Cambios en cómo duermes y comes, más o menos de lo normal, a horas raras.
  • Molestias estomacales que aparecen y desaparecen.
  • Poca paciencia, poca motivación, o una sensación de estar cumpliendo con el día sin sentirlo realmente.
  • Enfermarte con un poco más de facilidad que antes.

Si varias de estas señales te suenan familiares junto con el cansancio, es probable que esa fatiga no esté pidiendo más cafeína. Está pidiendo que el estrés de fondo se calme.

¿Qué es lo que realmente recarga las energías?

El instinto es seguir empujando, pero empujar más fuerte con el tanque vacío es justo lo que mantiene el tanque vacío. Recuperarte de la fatiga por estrés tiene menos que ver con hacer más y más con hacer las cosas distinto. Algunas cosas que de verdad ayudan:

  1. Protege tu sueño primero. Es la principal forma en que tu cuerpo se repara. Busca una rutina constante para relajarte antes de dormir y una hora fija para despertar, incluso los fines de semana, para que tu cuerpo pueda recuperar su ritmo.
  2. Incluye descansos reales. Pausas cortas durante el día, y tiempo que sea de verdad libre, le dan a tu sistema de alarma la oportunidad de bajar la guardia. Hasta unos minutos de no hacer nada cuentan.
  3. Muévete con suavidad. Suena contradictorio cuando estás agotado, pero el movimiento ligero, una caminata, un estiramiento sencillo, mejora el ánimo y el sueño, lo que poco a poco va recargando la energía. Que sea suave: esta no es la temporada para entrenamientos exigentes.
  4. Pon un límite en algún lado. Parte del desgaste viene de nunca estar realmente desconectado. Un solo límite, una hora fija para parar, una noche sin notificaciones, puede liberar más energía de la que cuesta.
  5. Reconéctate con personas y cosas que disfrutas. El tiempo con personas de confianza, y pequeñas dosis de algo que no tenga nada que ver con obligaciones, llenan una parte de ti que el descanso solo no alcanza a tocar.

Nada de esto es dramático. Y esa es la idea. La recuperación suele venir de un conjunto de decisiones pequeñas y constantes, no de un solo cambio heroico.

¿Cuándo deberías buscar más ayuda?

Un periodo de fatiga por estrés que mejora cuando la vida se calma es normal. Pero el cansancio también puede tener causas médicas que no tienen nada que ver con el estrés, como problemas de tiroides, anemia, trastornos del sueño y otros, así que un cansancio profundo que dura semanas merece una visita al médico para descartar esas causas. No intentes diagnosticarte tú mismo.

También vale la pena buscar ayuda, con un médico o un terapeuta, si el agotamiento se ha vuelto tu estado normal, si el autocuidado no está haciendo diferencia, o si viene acompañado de un ánimo bajo o de desesperanza. Como señala Cleveland Clinic, hablar con un profesional suele ser un buen primer paso para el burnout, y aprender a manejarlo es algo que se puede enseñar. No tienes que resistir a la fuerza hasta volver a sentirte tú mismo. A veces lo más reparador que puedes hacer es dejar que alguien te ayude a cargar el peso.

Fuentes

  1. Cleveland Clinic, Signs of Burnout: What It Is, How It Feels and How To Recover
  2. Harvard Health Publishing, Exercising to Relax
  3. Centers for Disease Control and Prevention, Adult Activity: An Overview

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